En el ámbito deportivo, cualquier técnica que prometa mejorar el rendimiento despierta la inevitable duda: ¿es legal o puede considerarse dopaje?. Este debate es especialmente relevante cuando hablamos de la terapia vascular física, una herramienta cada vez más utilizada por atletas y personas activas para optimizar su recuperación y resistencia.
¿Qué es la terapia vascular física?
Se trata de un procedimiento que estimula la microcirculación y favorece el transporte de oxígeno y nutrientes en el organismo, lo que ayuda a que los tejidos se regeneren de forma más rápida y eficaz. Lo importante aquí es que la terapia no introduce sustancias externas ni altera artificialmente las funciones del cuerpo, sino que apoya procesos biológicos que ya existen de manera natural.
¿Es dopaje?
La respuesta es clara: no se considera dopaje.
Según los criterios que siguen las autoridades deportivas, el dopaje implica la administración de sustancias prohibidas o el uso de métodos artificiales para modificar el rendimiento. La terapia vascular física no entra en esta categoría, ya que únicamente facilita lo que el cuerpo ya es capaz de hacer por sí mismo.
Rendimiento y entrenamiento: un binomio inseparable
Aunque esta terapia puede contribuir a que el organismo se recupere mejor y tolere mayores cargas de entrenamiento, la mejora del rendimiento deportivo solo se logra con una preparación de calidad. Es decir, la terapia puede ser un complemento valioso, pero nunca sustituye al trabajo constante, a una planificación adecuada y a la disciplina del deportista.
Conclusión
La terapia vascular física está permitida y no constituye dopaje, porque no altera artificialmente el rendimiento ni introduce elementos prohibidos en el organismo. Sí puede favorecer la recuperación y potenciar los beneficios del entrenamiento, pero siempre como apoyo a un trabajo bien estructurado.
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