El sistema nervioso es el centro de control del cuerpo humano. Coordina los estímulos internos y externos para mantener la homeostasis. Sin embargo, bajo condiciones de estrés prolongado, este equilibrio se rompe, y el sistema nervioso simpático domina sobre el parasimpático, generando un estado de “hiperactivación” continua.
El sistema nervioso ante la tensión
Durante periodos de alta presión, el sistema simpático induce liberación de noradrenalina y adrenalina, elevando la frecuencia cardíaca y la tensión arterial. Este proceso desvía el flujo sanguíneo desde los órganos viscerales y el cerebro hacia los músculos, preparándonos para la acción inmediata.
Cuando esta respuesta se mantiene, el cerebro recibe un menor aporte de oxígeno y nutrientes, afectando la sinapsis neuronal y la capacidad de análisis racional.
Fatiga nerviosa y deterioro cognitivo
Investigaciones del Journal of Neuroscience (McEwen, 2017) confirman que el estrés crónico produce alteraciones en la mielinización neuronal y disminuye la eficiencia en la transmisión de impulsos eléctricos. Este fenómeno, conocido como “fatiga nerviosa”, se manifiesta en lentitud mental, indecisión y una tendencia a la respuesta emocional frente a la racional.
En el ámbito ejecutivo, esto se traduce en errores estratégicos, liderazgo reactivo y dificultad para priorizar tareas complejas.
El papel del flujo sanguíneo y la oxigenación cerebral
La oxigenación cerebral adecuada depende de una microcirculación activa. La vasoconstricción prolongada derivada de la tensión nerviosa reduce el volumen de sangre en los capilares cerebrales, afectando el metabolismo neuronal.
Estudios del American Journal of Physiology muestran que la hipoperfusión microvascular reduce la disponibilidad de glucosa y oxígeno, disminuyendo la capacidad sináptica y la claridad mental:


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