Un mal apoyo, una caída o un giro brusco pueden ser suficientes para provocar un esguince. Es una de las lesiones más frecuentes tanto en deportistas como en la vida cotidiana, y aunque a menudo se considera leve, detrás del dolor y la hinchazón se pone en marcha un proceso biológico complejo que implica inflamación, reparación tisular y microcirculación.
Comprender qué ocurre dentro del cuerpo cuando se sufre un esguince permite entender por qué algunos se curan rápido y otros dejan molestias durante semanas.
Qué es un esguince
Un esguince es una lesión de los ligamentos, esas bandas fibrosas que estabilizan las articulaciones.
Se produce cuando la articulación se fuerza más allá de su rango normal de movimiento, lo que genera una distensión o rotura parcial de las fibras.
Hay tres grados de lesión:
- Grado I: distensión leve, sin rotura.
- Grado II: rotura parcial de las fibras.
- Grado III: rotura completa del ligamento, generalmente con inestabilidad articular.
Aunque el tobillo es el más afectado, también son frecuentes en rodillas, muñecas, dedos o incluso el cuello.
La reacción inmediata: inflamación y defensa
Al producirse el esguince, los pequeños vasos sanguíneos que rodean el ligamento se rompen, provocando microhemorragias y la clásica hinchazón.
El cuerpo responde liberando sustancias inflamatorias (prostaglandinas, histamina, citoquinas) que incrementan el flujo de sangre hacia la zona dañada.
Esa inflamación inicial tiene una función clara:
- Proteger la articulación lesionada.
- Eliminar células dañadas y toxinas.
- Activar la llegada de células reparadoras.
Sin embargo, la acumulación de líquido y la presión sobre los tejidos generan dolor, calor y rigidez, dificultando el movimiento.
Fase de limpieza y regeneración
Durante las primeras horas, los macrófagos llegan a la zona para eliminar los restos celulares.
Una vez despejado el tejido dañado, los fibroblastos comienzan a fabricar nuevo colágeno, la proteína que reconstruye las fibras ligamentosas.
Este proceso puede durar desde días hasta semanas, dependiendo de la gravedad del esguince, el estado general de salud y, sobre todo, del flujo sanguíneo local.
Por qué algunos esguinces se curan más despacio
La inflamación excesiva o prolongada puede comprimir los capilares locales, dificultando la llegada de oxígeno y nutrientes.
Cuando la microcirculación —esa red microscópica de vasos sanguíneos— se ve bloqueada, la reparación se ralentiza.
Esto explica por qué algunos esguinces “no terminan de curar”, o por qué aparece dolor residual, rigidez o debilidad semanas después de la lesión.
En realidad, el problema no es solo el ligamento: es que las células del tejido no están recibiendo el aporte necesario para regenerarse correctamente.
La recuperación: más allá del reposo
Aunque el reposo y la fisioterapia son esenciales, también lo es favorecer una buena circulación.
Una perfusión capilar eficiente permite:
- Acelerar la eliminación del edema.
- Llevar oxígeno y nutrientes a las células reparadoras.
- Reducir la inflamación más rápidamente.
- Favorecer una cicatrización de mejor calidad.
Por eso, las estrategias modernas de recuperación —como la compresión, el movimiento controlado, la hidroterapia o las tecnologías de estimulación vascular— se centran cada vez más en optimizar la microcirculación durante la rehabilitación.
Conclusión
Un esguince no es solo una lesión ligamentaria: es una respuesta integral del cuerpo que involucra vasos, células e intercambio microvascular.
Cuando se entiende el papel de la microcirculación, la recuperación deja de ser un proceso pasivo y se convierte en una oportunidad para mejorar la función y prevenir recaídas.


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