Cómo funciona la actividad cerebral y por qué necesita energía constante

El cerebro humano es una de las estructuras más complejas y fascinantes del cuerpo. Pesa apenas un kilo y medio, pero consume cerca del 20% del oxígeno y la energía total que generamos. Esa cifra da una idea de su enorme demanda energética: aunque no siempre lo notemos, el cerebro está en funcionamiento continuo, incluso mientras dormimos.

Cada pensamiento, cada recuerdo y cada decisión implican millones de conexiones entre neuronas. Estas células se comunican a través de impulsos eléctricos y sustancias químicas llamadas neurotransmisores. Pero para que esa red funcione correctamente, necesita un suministro constante de oxígeno y glucosa, los combustibles que mantienen activa la maquinaria cerebral.

Cuando la energía escasea, lo notamos de inmediato: falta de concentración, lentitud mental, irritabilidad o incluso olvidos frecuentes. Son señales de que el cerebro no está recibiendo todo lo que necesita para rendir al máximo. Factores como el estrés crónico, el sueño insuficiente, una dieta pobre en nutrientes o la deshidratación pueden alterar ese delicado equilibrio.

La buena noticia es que el cerebro tiene una enorme capacidad de adaptación y regeneración. Cuidar su alimentación, el descanso y la actividad física ayuda a mantenerlo en forma. Pero además de estos hábitos, existe un elemento esencial que a menudo pasa desapercibido: la oxigenación y la microcirculación cerebral, responsables de nutrir cada célula neuronal.

En el siguiente artículo veremos por qué una buena circulación cerebral puede marcar la diferencia entre un día lleno de claridad mental y otro en el que la cabeza parece no responder.

👉La importancia de la oxigenación cerebral y la microcirculación para el rendimiento mental.

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